Escuchando el son de la dulzaina,
adormecida por sus notas claras,
reposaba una moza lozana
sobre la ribera de aguas bravas.
En el prado lindante a su cabaña
bailaban alegres mozos y mozas
rompiendo en su danza las espadañas
que festoneaban sendero y choza.
Y en su dulce dormitar soñaba,
arrullándose con risas y cantos,
que era ella la que tan dulce tocaba
llenando el ambiente de sus encantos.
Y en su feliz modorra soñaba
que era la reina de un palacio
y que a su balcón de oro se asomaba
mostrando, coqueta, su vestir regio.
Y soñaba llena de tierna ilusión,
que era la más bella y hermosa moza
cortejada por toda la reunión.
Más cuando se acabó aquel dulce son,
y despertó de su embriagador sopor,
contempló triste su perdida ilusión,
pues era la más fea y andrajosa
de las que estaban en la reunión.

