Me llaman fracasado

Me llaman fracasado.
¿Por qué, me pregunto yo?
¿Por qué nunca he pensado
que el mundo soy sólo yo?

Triunfan los ególatras,
tiranos y hedonistas;
figuras idólatras
que ensalzan las revistas.

Fracasan los decentes
con ansiadas quimeras
que respetan la gente
que quiere ser primera.

Fracasan los tímidos
y las nuevas canteras,
porque no dan silbidos
ni roban carteras.

Creen en sus ideas,
llenos de fe ciega,
cual luminosas teas
que a la sociedad queman;

pero les falta apoyo
y empuje en su carrera
para ser el cogollo
de la fama que esperan.

Ni se venden ni roban
en mercado rastrero
por conseguir que oigan
lo que explota en su pecho.

Prefieren hablar quedo,
susurro lastimero,
que venderse a un sueldo
mezquino y traicionero.

Me llaman fracasado,
y aunque serlo no quiero,
el hambre he desposado
por gritar lo que quiero.

No soy necio sátrapa
que su espíritu vende
a poder que lo atrapa
y veleidad que ofende,

pues el vulgo idolatra
a quien miente y difama,
por más que sea lacra
y necedad preclara.

Me llaman fracasado
porque grito altanero
y escribo sin cuitado
que no tengo dinero;

y dicen con sarcasmo,
cantando placenteros,
estribillo que plasmo
por su saber certero:

“Si no tienes dinero
ni nadie que te apoye,
no quieras ser primero,
que ningún necio te oye”.

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