I. Allegro con brío (Heroica, primer movimiento)
Retumba el suelo, los timbales baten
despertando cual fuego en marcha ardiente;
se alza el clarín con mazos que combaten;
y la trompa suena con voz creciente.
Se alza un titán en marcha desbordada;
con anhelo de una aurora sembrada,
en esplendor de cenefa bordada,
que el héroe teje en llama consagrada.
En mi bemol resuena un bronce ardiente,
abre la marcha, vibra el horizonte,
se alza un Atlas de pie, noble y consciente,
rompiendo el velo gris de un viejo monte.
Los bronces hieren con ardor supremo;
resuenan en gloriosa lucha que arde,
y el aire, temblando como un blasfemo,
llama al héroe en esta musical tarde.
El aire vibra en llama desbordada;
su espíritu derrite lo sellado,
alza su voz con fuerza desatada,
que el horizonte escucha muy callado.
Las trompas claman gloria en voz gigante,
las flautas siembran lumbre en la llanura,
y un eco heroico, grave y desbordante,
convierte el aire en llama con altura.
Los violines desgarran la esperanza,
los contrabajos respiran un clamor,
llenando el ambiente de una confianza
que el bronce acomete en trémulo vigor.
Con sones ardientes llena el espacio
del héroe en el concierto iluminado
que, al despertar dentro de un palacio
en gloria, canta el triunfo conquistado.
Allí, la Heroica erige su bandera;
con lucha y con dolor forja su historia.
Cada compás la sangre reverbera
cuando el héroe conquista su victoria.
II. Marcha fúnebre (Heroica, segundo movimiento)
Los oboes lloran sobre la tierra
su doliente clamor que desazona.
Los fagotes luchan en grave guerra,
cual manto que oscurece la corona.
Las cuerdas, resonando inexorables,
pintan sombras en lento movimiento
de fúnebres guerreros inmutables
y resurge eterno su monumento.
La sombra se expande como la aurora;
un canto grave fluye en la penumbra
como faro luminoso que aflora,
y el mundo entero al héroe se acostumbra.
Un funeral que hiere los sentidos,
con paso lento, bálsamo y tormento
convierte en inmortales doloridos
a quienes lo escuchen algún momento.
III. Scherzo (Heroica, tercer movimiento)
Flautines y violines temblorosos
rebotan en el aire como estrellas,
en ráfaga de sonidos airosos,
que encumbran danzas súbitas y bellas.
Y nos hablan de la muerte rendida,
de la vida con brotes de esperanza.
Todo en el aire late nueva vida
en una música que da confianza.
Las trompas gritan rítmico lenguaje
con un eco que agiganta el arsenal.
Los coros claman un libre homenaje,
que estalla en una viva marcha triunfal.
IV. Finale (Heroica, cuarto movimiento)
Resuena un himno que erige el destino,
variado en su luz, en risa, en tempestad;
que señala el triunfo del desatino
y que el hombre toque al fin la eternidad.
Los bronces y violines dan los nombres;
los vientos se entrelazan en victoria
y, en jubilosa memoria de hombres,
se eleva el canto eterno hacia la gloria.
Mas surge en golpe fiero a la tiniebla
la Quinta, con su sombra de espesura,
y a su pulso el mundo se repuebla
de un ritmo inquebrantable de obertura.
Retumba el aire entero en voz de acero;
sinfonía de júbilo salvaje;
luz que atraviesa el tiempo verdadero
cuando la música paga su peaje.
Templo forjado con dolor y lucha;
de su oscuridad nace radiante ardor,
que ensordece y agita a quien lo escucha,
y el hombre asciende al sol en su fulgor.
Mas luego, en do menor, hondo y sombrío,
la Quinta irrumpe, férrea, inexorable,
golpea el destino con puño frío.
Su ritmo es filo acerbo, inquebrantable.
Con su sonora sombra nos precede,
mas del abismo surge luz divina;
la noche tiembla, gime, retrocede,
y un coro triunfa en densa disciplina.
LA QUINTA SINFONÍA
I. Allegro con brío (Quinta, primer movimiento)
Volcán musical que brota en la noche,
que encapsula en los primeros compases
su tormentosa erupción, como broche
de compases sinfónicos voraces.
Su poderosa tempestad musical
desata pasiones y ardor bélico;
nos hunde en un profundo pozo abisal
y eleva hasta un paraíso seráfico.
Nos presenta aferrados a la tierra
con idea de alcanzar las estrellas;
atormentados por lo que esto encierra,
cuando el destino sigue nuestras huellas.
¡Ta-ta-ta-TÁ! Sus notas iniciales
llaman a nuestra puerta en la oscuridad,
escondidas entre normas sociales
en este paraíso de inseguridad.
¡Ta-ta-ta-TÁ! Así se abate la ciudad;
golpea el hierro, surge el hondo miedo
con su sombrío enredo de libertad,
con ritmo que late rezando un credo.
¡Ta-ta-ta-TÁ! Cuatro golpes de hierro,
con timbales que rugen y subyugan
los chelos y vientos claman a entierro,
y todo tiembla en sombras que conjugan.
Fuego interno surge del seno invernal;
responde a cada golpe inexorable
con los ecos de un retumbar infernal
que al hombre alza su fe, jamás culpable.
Las cuerdas van camino del destino,
vibran con sordidez, mas surge el fuego;
las trompas muestran poder asesino
y el fragor lucha sin pausa ni ruego.
II. Andante con moto (Quinta, segundo movimiento)
Clarines y chelos, suaves como aves,
susurran paz en ríos de ternura
que anidan en partituras y claves,
con calma que brota de la hermosura.
Un río de esperanza en calma pura
fluye sereno, cual dulce bálsamo
que riega el terreno con su ternura
y el pecho entrega al reposo del amo.
III. Scherzo (Quinta, tercer movimiento)
Regresa con misterio en cada impulso,
con paso audaz acecha en lo profundo;
eco vagabundo que toma el pulso
y quema en llama el miedo moribundo.
Contrabajos que suenan sin aprieto,
fagot que resuena como badajo
avanzan como sombras en secreto;
y el miedo late en rítmico espantajo.
Mas surge un brillo con fugaz resquicio:
las trompas abren paso a lo esperado,
pulso renovado de buen auspicio
que anuncia ese final tan anhelado.
IV. Allegro (Quinta, cuarto movimiento)
La luz estalla con loca humanidad;
retumba un sol radiante en nueva gloria;
y el triunfo nos demuestra su brevedad,
pues el caos hace eterna la victoria.
Violines alzan alas luminosas;
suena triunfal el coro del conjunto,
y trompas con sus notas clamorosas
derrotan la penumbra del asunto.
Los metales proclaman la victoria.
Los timbales, con sones que enajenan,
elevan al sol su júbilo y gloria,
que al mundo lo subyugan y encadenan.
De tanto caos nace un canto redentor,
del hierro surge un río de esperanza,
la orquesta ruge con himno vencedor,
y el mundo entero, en júbilo, se lanza.
Beethoven, eres un músico eterno;
tu música es un templo en la tempestad,
donde el espíritu rompe su invierno
y asciende hasta el cielo en pura libertad.

