La era

¡Mírame, campesino!
¡Remueve la tierra!
Quita broza y espino.
¡Quema mi mala hierba!

Que soy agradecida
cuidada con esmero,
aunque dañe el apero
cuando ahonda la herida.

Y en la primavera,
susurrando dichosa,
te abanicará la era
y cantará ruidosa

alegres gorgojeos
que llenaran tu choza,
fecundo gineceo,
de pan, paja y broza.

Esparce la semilla
para que la mies crezca,
y al llegar la trilla
te abanique la era.

Fecunda la espiga
en su verde ringlera;
cántale una cantiga
alegre y vocinglera,

y tendrás buena harina
cuando el trigo se aventa
y corre ambarina
la brisa que lo alienta.

Cava los surcos fiero;
profundiza el terreno
con tu reja de hierro
para que nazca el heno,

y al llegar la siega,
con el terruño tierno,
ahorjes todo el heno
que tu sudor riega.

Más si tú me olvidas
y me llenas de piedras,
devolveré medidas
de cardos y de hiedras.

Me convertiré en erial
que agosta y mata la era,
hasta erigirme triunfal
en desolada guerra.

Y moriré marchita
sin germinar siquiera,
endurecida y ahíta
de mi venganza fiera.

Roturarás mi tierra
cansado de esa guerra.
Abonarás la era
desbrozando la hierba;

pero yo estaré muerta
cuando llegue la trilla
y pasará la cosecha
sin plantar la semilla.

Y en la primavera
estaré silenciosa,
aunque yo ya no quiera
ni me tengas ociosa,

porque estaré yerma
con vacuidad artrosa
de persona enferma
de vejez achacosa.

¡Mírame, campesino!
¡Remueve mi tierra!
Que si nacen espinos,
se morirá la era.

Artículo anterior
Artículo siguiente

Poesías más leidas

Últimas poesías publicadas

Otros poemas

DEJA UNA COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí