Entre telarañas y polvo,
arrinconado en el desván
como si fuera un estorbo,
permanece el viejo talismán
sollozando su abandono,
la tristeza de su soledad,
la pérdida de su trono,
tanto olvido y deslealtad.
Antes era el rey de los juegos
de la infantil fantasía;
ahora es testigo ciego
de olvido y malicia.
Radical muerte del niño,
de los arrumacos y mimos,
la necesidad de cariño
que hasta ahora vivimos.
Cambio infantil a pubertad
con ansias del mundo cambiar.
Estrechas miras de libertad
por ilusiones a canjear.
Ansias y anhelos nuevos;
sensaciones desconocidas;
son de la sociedad relevos
y energías renacidas.
Entre telarañas y polvo,
arrinconado en el desván
como si fuera un estorbo,
permanece el viejo talismán.
Juguete de última moda
que promete diversiones,
nuestros sueños acomoda
y levanta las pasiones.
Ya no sirven sus promesas;
ya no es la última moda.
No le quedan ni pavesas,
ni, para horca, la soga.
Ni lágrimas en olvido,
ni recuerdos en el polvo,
ni movimiento furtivo,
ni cenizas o rescoldo.
Ya pasó el carnaval
de jolgorios y canciones,
porque no está el chaval
que buscaba diversiones.
Entre telarañas y polvo,
arrinconado en el desván
como si fuera un estorbo,
permanece el viejo talismán.
Entre susurros aguarda,
lleno de ansia expectante,
viento que sus restos esparza
en busca de un nuevo amante.

