Del vacío nace un grito maldito,
que rompe el cosmos con un juicio negro
contra el hombre miserable y proscrito,
que vive con su crueldad sin cerebro.
Surge para azotar con alarido astral,
que hiere el alma y quiebra lo dormido;
mas no exige ni fe ni paz celestial;
es verbo con fuego, juicio encendido.
Irrumpe en el vacío con voz dura,
rompe el eterno hielo del silencio,
trae el destello atroz de la censura,
sin consuelo, ni fe ni incienso denso.
Azota al mundo en reflejo visceral,
desnuda al alma, al pulso corrompido;
señala el temor, el pacto criminal,
vil riqueza del odio consentido.
Nombra el vicio y lujuria del humano,
a la sangre, mentiras y humillación,
de amo que se proclama soberano
de animales, personas y población.
Muestra al humano juez y depredador,
traidor de sí, rehén de su avaricia,
que celebra el goce turbio del dolor,
la envidia hostil, la farsa y la codicia.
Siembra miedo en el llanto del cautivo;
niega al débil alivio primitivo;
reza y se goza en oro vengativo,
pues es de malignidad creativo.
Es ser en llamas, látigo y ruptura,
que torna al resto esclavo por un precio,
pues vende el alma al miedo, y su basura
devora al débil, besa al vil desprecio.
Traza dioses del deseo en trofeo,
vende su alma en mísero mercadeo,
habla de amor pensando en un saqueo,
y proclama la ley de su babeo.
Del abismo sin nombre sale una voz;
no acusa a ningún hombre, lo desnuda,
siega su deshonra y crueldad con una hoz,
en vacía claridad concienzuda.
Lo llama cruel, cobarde y mentiroso,
sediento de placer, de ajena herida,
traidor del pacto humano más airoso,
y fingido abrazo de bienvenida.
Degradante en su goce vergonzoso,
corrupción y podredumbre es la vida,
egoísmo, ambición, engaño y acoso,
en altar de lujuria fementida.
Y, con este eco sin rostro ni clamor,
tiembla la especie al verse en profecía
que une la venganza, el odio y el amor
en una humana y sola alegoría.

