¡Buenas tardes, señoras y señores,
el sol se refleja en verde tapiz!
Hay blancos y rojiblancos colores.
Ya suena el silbato: comienza el desliz.
¡La afición retumba sobre la grada,
rueda el balón bajo cielo encendido!
Blanca la escuadra, rojiblanca alzada,
hierve el estadio, comienza el rugido.
Toca la blanca con pulso sereno,
no es ya sereno, es un toque ligero;
cruje la bota, se enciende el sendero,
es el toque de un campeón liguero.
Rueda la esfera, planeta pequeño,
bajo la bóveda clara del cielo;
la blanca avanza en marcial desempeño,
en bello ataque con firme desvelo.
Abre a la banda, progresa el extremo;
sale el defensa, barrido certero
y el cuero vuela cruzando el terreno,
pero se escapa rozando el larguero.
La rojiblanca, de acero ceñida,
corta en el centro con filo tajante,
quiebra la muralla, abre la salida,
lanza a su ariete feroz y vibrante.
Corre cual rayo partiendo la bruma;
queda frente al arco, ruge la ocasión;
disparo furioso que truena y suma…
¡Mas vuela el guardián en mártir extensión!
Se alza en el aire cual águila en guerra,
araña el ángulo, vence al vecino,
salva a los suyos, sacude la tierra,
retumba un trueno en clamor peregrino.
No cede la blanca. Un toque templado
conquista terreno, somete el compás;
un giro, un quiebro, defensa doblado,
centro que se cruza cortando el solaz.
Llega un zaguero con quite violento,
se abre al costado, galopa el puntero,
lo dribla en toque ágil el delantero,
y prosigue en marcha a su derrotero.
Quita en el centro la franja rayada,
mete el cuchillo por medio del campo,
filtra un envío con seda afilada,
corre el ariete rompiendo el atranco.
Recupera el medio, garra encendida,
roba en la zona central del combate
y lanza un pase que parte la vida;
el delantero dispara… ¡remate!
¡Corta el guardián rojiblanco en el suelo!
Se estira felino, para el disparo;
ruge la grada, retumba en el cielo
como un tambor que no sabe de amparo.
¡Chuta! ¡Ataja el guardián blanco con celo!
Vuela en paloma de furia infinita;
araña el ángulo, besa el desvelo,
salva a los suyos con garra bendita.
Responde el bando de blanco temido,
toca y retoca con ritmo creciente;
recorte elegante, defensa hundido,
tiro potente… ¡rozando el pariente!
Ahora responde la franja encarnada,
cruza el esférico al flanco derecho,
regate firme, cintura quebrada,
cae el zaguero… ¡qué lance bien hecho!
Saque de banda, presión en la esquina,
forcejeo brusco con choque frontal;
es amarilla, tarjeta divina,
el árbitro impone su ley imparcial.
Tiro de esquina para el cuadro claro;
sube el central como torre guerrera;
golpe potente, testarazo raro…
¡El balón choca contra la madera!
Salta su ariete, martillo de altura,
chuta la esfera con fe desmedida…
¡Gol sacude la férrea estructura!
¡La red es bandera, gloria encendida!
¡Uuuy! La pelota besó la madera;
tiembla el larguero con voz de campana;
gime la hinchada, se muerde la espera,
y arde la grada en la tarde temprana.
Se enzarzan entre los medios guerreros,
choques de acero en la zona caliente;
cae uno al suelo, protestan severos…
¡Nueva amarilla en el borde del diente!
Centro medido viaja en parábola,
salta el ariete con furia bravía,
cabezazo y trayectoria diáfana…
¡GOOOL! ¡Y la red canta su melodía!
¡GOOOL rojiblanco que parte la tarde!
Explotan las gradas en rojo clamor;
la guerra se enciende, nadie es cobarde;
se quema la sangre con noble furor.
Se adelantan rojiblancos valientes;
vibra el graderío con rojo clamor;
la blanca se agrupa, aprieta los dientes,
promete batalla con noble furor.
Dura poco la ventaja primera,
pues la franja alza el pendón encarnado;
córner al viento, parábola fiera,
cabeza implacable, chute sagrado.
Luchan titanes en zona candente,
con choques de hierro en batalla frontal;
cae uno al césped, protesta la gente…
¡Amarilla al filo del juicio arbitral!
La blanca insiste, combina y progresa,
filtra envío que rompe la línea;
mano imprudente, protesta… y sorpresa:
¡Penal pitado! La grada se inclina.
Silencio espeso, carrera medida,
toma distancia el dorsal delantero;
dispara rasante en fe decidida…
¡GOOOL! ¡Consiguen un empate sincero!
Tiempo avanzado, tensión en la brisa,
córner rojiblanco cruza la tarde;
los blancos lo despejan con divisa,
en contragolpe que nadie resguarde.
Tiro de esquina de la rojiblanca;
sube el central como torre altanera;
vuela el esférico, curva que arranca,
cabezazo seco… ¡red prisionera!
¡GOOOL rojiblanco que parte la bruma!
Estalla el graderío en rojo clamor,
tiembla la tierra, la sangre se suma
y golpea en la tarde con su tambor.
Pero la blanca no baja la frente;
muerde el partido con rabia encendida,
triangula y rompe la línea de enfrente,
y hiere la férrea espalda dormida.
Dos a uno llegando al final de etapa.
Suena el silbato que marca el descanso;
corren al túnel, se enfría la capa,
mientras comentan el pulso y su ocaso.
Regresa el juego, brío renovado;
la blanca presiona, la otra resiste;
regate arduo con defensa quebrado,
pero el portero valiente persiste.
Contra veloz de la franja listada:
tres toques precisos, avance urgente;
sale el guardián con salida arriesgada
y salva en un mano a mano valiente.
La defensa hace un cierre de cerrojo
con el apoyo de los laterales;
epopeya numantina de enojo,
que durará unos segundos vitales.
Mientras cada chute no encuentra malla,
los centrales en regates se enzarzan,
los extremos corren y dan la talla,
y arqueros con ojo avizor descansan.
Corre el puntero, desborda la raya,
centra con su veneno en el área;
falla el defensa, la marca se ensaya…
¡Disparo cruzado en red solidaria!
¡GOOOL de la blanca, que enciende el sentido!
Explota el estadio en blanco estallido;
los suyos se abrazan con desatino;
la franja responde en brío encendido.
Empate fiero que incendia la tarde:
uno por equipo en duelo salvaje.
Rueda el reloj con latido cobarde
¡sin descanso tras su duro pasaje!
Último lance, balón al área,
choques, despejes y fe desmedida;
falta y una barrera necesaria,
vuela el esférico… ¡roza la vida!
No dan tregua en esta guerra sin pausa,
más vertical, más feroz la batalla:
la blanca presiona con fe sin causa,
la roja le responde y no se calla.
Regate eléctrico, quiebre en cintura,
cae un defensa, el área respira;
mano a mano la grada con locura…
¡Milagro del guardameta que gira!
Se lanza al suelo y lo desvía fino,
salva a los suyos con gesto imposible;
ruge la grada, retumba el camino
con un pulso ardiente e imprevisible.
Centro rasante que cruza el infierno,
mano imprudente detiene el camino;
clama la grada, el silbato es eterno…
¡Penal marcado que rompe el partido!
Abre a la carrera la roja raya,
con caras serias y rostros furiosos,
sin dejar un resquicio en la muralla
y pases por alto muy tendenciosos.
Silencio espeso, tensión suspendida;
tres pasos cortos, mirada tajante;
disparo seco, sentencia prendida…
¡GOOOL! que termina en un grito vibrante.
Pero la franja no inclina su frente;
lanza balones como flechas al sol;
centro medido, remate valiente…
¡Milagro del meta que salva el control!
Minutos finales, temblor con prisa,
falta en el borde del área rival;
la barrera tiembla con su divisa…
Chute a puerta que besa el poste final.
Tiempo de descuento, la franja lanza,
centro al segundo, remate violento;
sale el portero en última esperanza
y en el aire lanza puños al viento.
Despeje largo, contragolpe blanco;
tres contra dos, galopada suicida;
pase filtrado, que cruza el barranco
dejando detrás la zaga partida.
Disparo cruzado corta la brisa…
¡GOOOL de los blancos que estalla sin freno!
Revienta la grada en blanca sonrisa;
resuena el estadio en estruendo pleno.
Se vuelca la franja desesperada,
llueven balones cual meteoritos;
choques, despejes, defensa cerrada,
córneres, voces, gritos infinitos.
Última falta al borde del área:
barrera tensa, latido en cada sien;
vuela el disparo con furia incendiaria…
¡pero falla, rozando el poste también!
Se agota el aliento sobre el entorno;
el juez revisa el tiempo, alza la diestra;
¡el árbitro ve el reloj sin adorno!
Un final blanco en jornada maestra.
Examina su cronómetro atento,
lleva el silbato a la boca encendida,
con pitido que congela el momento.
Al final, blanca victoria sufrida.
Aquí se despide quien ha narrado
cada jugada que ardió en la contienda.
Desde la radio les hemos llevado
la épica viva que el fútbol encienda.
Ahora, apagaré mi voz desbordada
con la garganta partida en su clamor;
les transmití el viento desde la grada,
en una jornada de fuego y honor.

