El clarín retoma aliento,
cansado por el esfuerzo
de tanto tocar al viento
llamando a su refuerzo.
Agudas notas llevó
para buscar consuelo,
y gargantas secas quebró
de tocar con tanto celo.
Ahora reposa en silencio,
recuperando sus fuerzas
para cantar su desprecio
con soneto leguleyo
escondido entre las berzas
que plantó un plebeyo.

