Necesito:
morir para vivir;
vivir para llorar;
llorar para reír;
reír para morir.
Necesito:
hablar para no callar;
callar para no decir;
decir para no llorar;
llorar para no reír.
Necesito:
olvidar para recordar;
recordar para disfrutar;
disfrutar para soñar;
soñar para olvidar.
Porque, ante todo…
Soy nadie y todos a la vez;
susurro durante el estruendo;
grito silenciado por pared;
humilde nota de un concierto;
memoria perdida en la vejez,
que se aleja con paso incierto.
Y, mientras yo viva…
Seré corpúsculo de masa
invisible en colectividad
por la que el tiempo nunca pasa;
sombra en la multitud perdida;
lamento que nunca se acalla;
peregrino sin meta final.
Y, si desfallezco…
Anodino consorte en vida,
eclipsado de tanto esplendor;
sombra tras su sombra escondida
en ennegrecido alrededor,
como corazón que palpita
en confuso tictac de reloj.
Sólo sé que por mí…
Nadie alzará sus banderas,
ni defenderá mis ideas,
ni recordará mis palabras,
y olvidarán todas mis gestas.
Soplo de viento en el vendaval,
como gota caída en ancho mar.
Y, cuando yo muera…
Ni redoblarán las campanas,
ni habrá gemidos y lamentos,
ni se derramarán lágrimas
de exagerados aspavientos,
ni habrá retorica en lápida,
que me nombre en el recuerdo.
Porque, ante todo…
Soy recuerdo del olvido
y despertar del ensueño,
porque a todos me acerco,
aunque a todos desdeño
y, como a tantos molesto
al notar mi desacuerdo,
Para excusar todo,
me silencian con un gesto,
me tachan de su recuerdo
y, usando cualquier pretexto
para usurparme el puesto,
dicen que para este evento
soy loco en vez de cuerdo.
Porque necesitas:
vivir para poder morir;
morir para poder llorar;
llorar para poder reír;
reír para olvidar.
Porque necesitas:
callar para no hablar;
hablar, pero sin decir;
reír al querer llorar;
llorar al querer reír.
Porque necesitas:
recordar para olvidar;
olvidar para disfrutar;
disfrutar para soñar;
soñar para recordar.

