Felicidad es un río
que danza en días soleados,
susurra en un desafío
y brilla en charcos cegados.
Es calma tras la tormenta,
abeja libando una flor,
licor cuando se fermenta,
un regazo acogedor.
Canto que refresca el viento
risueño en cada giro,
cuando ruge más violento
dejándolo en un suspiro.
Esconde sonrisa breve
en miradas que se encuentran,
son copos de blanca nieve,
amigos que se reencuentran.
Llama que nada concede,
pero alumbra y despierta,
que ante tristeza no cede,
dejando pena desierta.
Flor que florece eterna,
raíz afianzada con fuerza
en compañía fraterna
que la alegría refuerza.
Eco que rompe silencios
con sus abrazos sinceros,
y olvida los desprecios
de personajes groseros.
Es luz que el alma despierta
con su gloriosa sensación,
que explicar no se acierta
si no es con una canción.
Así que danza con fuego,
con la nieve y el viento,
y suspira en un ruego
que nunca llegue tu adviento.
Que la felicidad siga
en latidos del corazón
y que la vida prosiga
sin buscarle una razón.

