Tengo una bonita perra,
negra como el azabache,
como el carbón de picón.
Exige, ladra y pelea,
molesta cuanto la apetece
y se duerme en un rincón.
La quiero por vivaracha,
entrometida y curiosa,
zalamera y juguetona;
por ser como una persona.
Me hace la vida imposible;
no me deja descansar,
pero es lo más noble,
que haya existido jamás.

