En el mundo hay quien nace sin estrella
y su vida es tan sólo una quimera;
batallar en una constante querella
desde el nacer hasta la edad postrera.
Buscan cariño, amor puro y sincero,
y encuentran risas e incomprensión de hembra.
Sólo mujeres crueles, como el acero,
sin sentimientos y corazón de piedra;
que no dan amores a quien se los pide
si no es a cambio de unas cuantas monedas,
y aquellas a las que su egoísmo impide
entregar su amor en la más pura ofrenda.
No se dan cuenta que hieren y desgarran
el corazón de los hombres que se quejan,
ni que, con sus uñas ahondan, desgarran,
y un salobre amargor con ello dejan.
En el mundo hay quien nace sin estrella,
y cuanto piensa fracasa o nunca acierta,
porque su vida traban con una armella
y su mente castran cuando se despierta.
Buscan su fortuna y suerte con empeño,
y encuentran burlas, incomprensión y engaños.
Sólo seres crueles que fruncen el ceño;
que truncan tanta ilusión con sus apaños;
que no conceden su ayuda a quien lo pide
si no es a cambio de unos cuantos favores,
y aquellos a los que su egoísmo impide
ayudarlos para vencer sus temores.
No se dan cuenta que hieren y desgarran
las ilusiones de los hombres que empiezan,
ni que con su egoísmo ahondan y desgarran,
y una amarga frustración con ello dejan.
Nunca les inquieta semejante absurdo,
ni solivianta la voz con su querella,
porque olvidan y piensan que en este mundo
existen muchos que nacen sin estrella.
Evitan y levantan cualquier congoja
al ver que su conducta no se condena,
puesto que a nadie le es dado que escoja
si, al nacer, tendrá buena o mala estrella.

