Bendita seas, vida, amor que inflama,
luz y eternidad en cada latido;
en tu danza, el dolor cobra sentido,
y en tu abrazo la sombra se derrama.
En ti, alegría y tristeza derramas
con besos de tu amor estremecido
y gozo de existencia enardecido,
hasta que, al fin, tú, la muerte reclamas.
Sólo la muerte contra ti debate,
la única que detiene tu corriente,
pues todo en ti renueva su combate.
Eres el manantial resplandeciente
que en cada ser y en cada amor palpita
en un canto eterno y omnipotente.

