Cruje la entrada en mi mente vacía
y las ideas posan en su crisol.
Murmura un llanto con melancolía,
como secreto que perdió su control.
El eco guarda lágrimas sin razón,
malos recuerdos que encontrar no puedo.
Su imagen cuelga, torcida en un rincón,
observando mi alma con mucho miedo.
Sus huellas me persiguen como un tumor;
reviven los pasos de un tiempo muerto.
Retumba el eco de su viejo clamor,
bajo los muros de un recuerdo incierto.
Nadie responde al gritar ese nombre,
pero algo escucho dentro en la oscuridad.
No es ni monstruo ni el eco de otro hombre,
es sólo el peso de tanta vanidad.
Musita dócil frases sin sentido,
imágenes que renuevan mi dolor.
Perdí mente y juicio con un latido,
y quedé abrazado al eco sin color.
Su burla suena rota y disonante,
se esconde en los rincones de mi razón.
Un nombre olvidado, un rostro distante,
con un recuerdo oculto en cada rincón.
Mi mente acosa sombras en la bruma,
recuerdos que ya ni conocen quién fui;
que, poco a poco, espesan esa espuma
que es mi memoria cuando fallece en mí.
Perdí mis ideas y la frontera
entre lo que es delirio y la realidad.
Ahora ¿quién soy o fui?, si ni me espera
el helado abrazo de la soledad.
Me gritan sus voces desde una pared,
cuentan pensamientos que nadie escuchó.
Me dicen que antes amé, viví y lloré,
pero no sé si fui quien los desechó.
Mis sienes vacías tiemblan de frío,
ya no hay recuerdos, sólo la oscuridad.
Mi mente es un pozo seco y vacío,
cuyo fondo no encuentra una claridad.
Me aferro al hilo de algún pensamiento,
pero se quiebra al no encontrar mi razón.
Mi mente es lugar sin un fundamento
y, mi conciencia, una simple imitación.
Gimen las ideas que nadie escucha,
los recuerdos se pudren bajo mi sien,
y el mundo se esfuma en brumosa lucha,
visión turbia del ayer y de su bien.
He visto el rostro de quien no respira,
le hablé despacio, creyendo que me oyó.
No sé si fue real o es otra mentira
que en mi desmayada mente enloqueció.
Así me quedo, sombra entre paredes,
sin recordar el hoy, ni tiempo, ni edad.
Soy lo que queda cuando ya no puedes
distinguir la mentira de la verdad.
Quién soy, quién eres, quién fui. ¿Es hoy o ayer?
Hasta esas preguntas mi mente olvida.
El Alzheimer, con su escoba de barrer,
barre polvo y mata el alma perdida.
No reconozco a los seres queridos;
ni a quien me acompaña en cada momento;
como tampoco a todos los perdidos,
aunque su olvido sea un monumento.
Y en mis cortos momentos de lucidez,
escribo estos, mis desgarrados versos,
que pronto serán sólo una palidez
entre tantos pensamientos perversos.

