Bajo el balcón suspira la bandurria;
la tuna afina el pulso en la plazuela;
luce la capa negra con su estela,
con largas cintas que la brisa amurria.
El pandereta en piruetas desbarra,
con vueltas y saltos de ágil escuela;
se marca redobles, finge que vuela,
y en cada giro la tuna desgarra.
Uno adelanta el paso, firme, erguido,
solista en voz que al cielo se encarama;
responde el coro en múltiple latido.
Se abre la reja, asoma quien los llama;
mejor escucha el ruego ya ofrecido
y, con flor, les consagra su proclama.

