Qué bella es tu cara
de blanca porcelana,
reflejo del espejo
que la vista acapara,
con el amor que emana
llenando mi despecho.
Qué bellas son tus manos,
de estilizados dedos
y alargadas uñas,
coloreadas a mano
en diferentes dedos.
Variación que acuña,
con reluciente laca
de horneada lisura,
colores relucientes,
en belleza que enmarca
alargada figura
de luz iridiscente.
Como azabache negro,
tus largos cabellos son;
ondulada cascada
de rizos etéreos,
movidos sin ton ni son
en testa coronada.
Como doradas fuentes
tus lindos ojos son,
levantando espuma
cuando mirando mientes
o cantas una canción
que al niño acuna.

