Adiós sublimes inspiraciones.
Adiós carácter tétrico y sepulcral.
Adiós filósofos y enterradores.
Adiós mis románticos sin igual.
El sacerdote la misa ofrece;
las palomas vuelan hacia el altar
mientras aquí nada permanece
y un penitente muere de tanto amar.
¡Oh, luz, lumbrera de inteligencia!
¡Oh, contrición de los pecados cometidos!
¿Por qué me dejáis del barco la jarcia
y del viento el susurro en los oídos?
Romántica fuiste, romántica eres,
y ahora te alejas de mí para siempre.
¿Por qué, si morir no puedes,
y si de mi te alejas es mi muerte?
Estoy loco, sí, todos lo dicen.
Las lágrimas salen con amargura.
Se mofan de mí; se burlan y ríen,
porque ellos no conocen mi penuria.
¿Acaso tengo la culpa de ello?
¿Soy o no soy? ¿Existo o no?
Pensé que la vida es algo bello
y me demostraron que sólo es cieno.
Entonces, ¿de qué me quejo, si sueño?
¿Que soy loco y como tal siento?
¿Por qué renegar, si soy su dueño?
¡Sí, loco y a orgullo lo tengo!
Si loco es quien vive entre sueños,
yo soy loco y ya no me quejo;
que más valen los locos, pero cuerdos,
que no los sanos y de seso viejo.

