Según cuenta la leyenda,
hubo una vez unos hombres
que enfurecían las fieras
y amansaban las personas.
Cuentan que eran políticos
carentes de sentimientos
surgidos en democracia
para medrar con lo ajeno.
A cambio de una prebenda,
citaban a muchos nombres,
hasta lograr la quimera
de aparentar ser personas.
Se servían del partido
y de sus conocimientos,
viviendo de la desgracia
abundante en lo terreno.
Más negados que un animal
y tan falsos como Judas,
retorcían las ideas
para servir a sus fines.
Engalanaban todo mal
para disipar las dudas,
fingiendo tener peleas
con compañeros afines.
Se servían del partido
para vivir con grandeza,
renegando de ideas
si en el camino se tercia.
Hipócritas, como todos,
fingían no darse cuenta
y descargaban su culpa
criticando otras ideas.
¡Olvídate de los modos!
Si dinero no les renta,
no existe diatriba culta,
ni propuestas que deseas.
Por útil que uno haya sido,
si no paga con presteza,
de su desidia alardea
y lo deja en la indigencia.
Criticando la pobreza
que aparcaban en cuneta
se erigían en defensores
de quien pagara su cena.
Limosna a la pereza,
limpiada con servilleta
repleta de transgresores
y de ambiciosos mecenas.
Si les dieras su comida,
les pagaras bajo cuerda
y llenaseis de prebendas
atesorando riqueza,
ensalzarían tu vida
ejemplo de la más cerda,
sin investigar tus cuentas
para evitar las sorpresas.
Serías ejemplo a seguir,
honrado hasta la médula,
santo de su devoción,
ensalzado en asamblea.
Tendrías un gran porvenir
si, sanando sus deudas,
consigues su exaltación
ante la gente crédula
cuya masa es amorfa,
de falsos profetas llena,
anhelante y plañidera
de objetivos y quimeras.
Por eso, siembra favores,
rentabiliza riquezas,
investiga sus secretos
y chantajea su ambición.
Serás el alma que adoran,
porque su cartera llena
e impulsa su carrera
con taimada estrategia.
Alimenta sus temores,
enaltece su pereza,
fortalece su respeto,
y doblegarás su ambición.

