Cuando el capullo al alba se desflora,
su luz comienza a hablarle lentamente,
pulsando al alma con temblor naciente
su belleza en silencio hora tras hora.
Se expande con pulcritud que enamora,
igual que un sueño frágil y turgente,
y el mundo se hace puente, de repente,
entre lo que se oculta y lo que aflora.
Mi corazón, al ver tanta osadía,
se quiebra como zozobra en mal sueño,
llena de estrellas y melancolía.
Porque en la flor la vida es revelada;
vivir es florecer, aunque nos duela,
con su luz en el alma desatada.

