Aburrimiento

¡Qué lento corre el tiempo
en su transcurrir señero,
llenándonos de tormento
sin quehacer primero!

¡Qué triste y aburrido
nos parece su decurso
en el devenir querido
del ocio obtuso!

Manto abotargado
de gemido quejumbroso
que nos enfría umbroso
en brazo aletargado.

¿Cuándo serás tan corto
que no te sienta llegar
y te marches con el orto
sin hacernos renegar? 

Más, ¿qué digo? ¡Sé igual!
Porque si terminas pronto
dejarás de ser como tal
y serás un aborto,

moriré más temprano;
enseguida envejeceré,
y al final feneceré
con mi anhelo en vano.

¡Detente como estás,
aunque me resultes lento!
¡Mejor son horas molestas,
que esparcirte al viento!

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