– ¿En qué piensas?
– Sueño lograr un mundo mejor,
donde no se consientan guerras;
donde nadie viva con temor.
– No sueñes, que está prohibido.
No imagines, que es delito.
No lo creas, pues está maldito.
– ¿Por qué, señor?
¿Tan mala es la imaginación?
La fe en conseguir algo mejor
le confiere a la vida ilusión.
– La ilusión es tiempo baldío;
la imaginación, para niños;
y la fe, peor que un castigo.
– ¡Quiero ser yo!
Sin materialismos que matan
la individualidad de mi yo
o las colectividades que atan.
– La personalidad es mito;
la individualidad, vicio;
el “YO”, señal de prejuicio.
– Va contra Dios.
Usted me niega la compasión;
vilipendia amor entre dos;
predica la autodestrucción.
– Amor es fruto prohibido.
Pureza, algo envilecido.
La compasión, de pervertidos.
– Nos redime.
Dios sacia nuestro espíritu
cuando el mundo nos deprime
con materialismo ilícito.
– Lo espiritual demanda olvido;
el recuerdo, dolor sentido;
la confianza, tener descuido.
– ¡Es falsedad!
Quema mi alma y roba mi paz.
Refuta a Dios en la intimidad.
Si consiento, ¿qué me quedará?
– Sólo desamor e iniquidad.
Sólo vacío y eternidad;
lo que ahora es la humanidad.
– ¿Sólo eso?
¿Y no me quedará nada más?
¿No me libraré de este peso,
ni seré feliz jamás?
– Resumirás a la humanidad.
Tendrás por principio de equidad:
cinismo y arbitrariedad.
– Mal consejo.
Está lleno de inhumanidad.
– Es tu espejo,
porque sin Dios no hay caridad.

