Coronación de un tirano

Ciñéronle la frente
con la corona de rey,
por dejar bien presente
quién mandaba aquella grey.

Pusiéronle un cetro
en madera de roble,
cual espectral ancestro
de antepasado noble.

Y, al cubrirlo con manto
que en trono ennoblece,
enjugaron su llanto
por el rey que fenece.

Hincaron la rodilla
y hundieron servil la frente
en acción que mancilla
la majestad ausente
del cuerpo aún caliente
que en su lecho espira.

Y, en su omisión silente
que a ninguno admira,
coronaron su frente
con el símbolo de rey,
quitándole al ausente
lo que demanda la ley.

Sustituto y peregrino
eligieron al nuevo rey,
ritualizando el sino
de quien engañó a su grey.

Entregáronle cetro
de anhelado poder,
para que fuera el centro
de cuanto se puede ser.

Y con este acto fementido,
burlando su autoridad,
su reniego han repartido
para inflarse de vanidad.

Hincaron la rodilla,
signo de su humildad,
con acto que mancilla
a su nueva autoridad.

Y con burla hiriente
de aristocracia venal
fingieron ser sirvientes
hurtando su capital.

Ciñéronle la frente
con la corona de rey
sometiendo la gente
a su avariciosa ley.

Entregáronle cetro,
dignidad de su poder,
para ser el féretro
de quien critique su hacer.

Y, al cubrirlo con manto
que en trono ennoblece,
despertaron el llanto
del pueblo que fenece.

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