Con el cierzo del invierno
se helaron mis ilusiones,
marchitó mi pensamiento
y sucumbió mi deseo.
Ya no soy el poeta etéreo
suscitador de pasiones.
Soy un pobre esperpento,
la quimera de un poseso.
Mis paisajes están yermos,
carecen de sentimientos.
Mis pensamientos son negros,
plagados de sufrimientos.
¡Qué dolor nos causa pensar,
estar vacíos y muertos,
sin distinguir la realidad
envuelta en fríos vientos!
¡Cuánta tristeza y pesar
al descubrir que se es ciego
y comprender la vaciedad
de cuanto nos es ajeno!
Soy un poeta desairado,
incapaz de hacer un verso,
que se siente desgraciado
por su destino adverso.
Soy el poeta enajenado
que clama en el silencio,
cual loco desaforado
en manicomio de cuerdos,
al que su musa ha vetado
por no mostrarla su aprecio.
Un pobre iluminado
en este mundo de ciegos.
¿Por qué me has abandonado
llenándome de desprecio?
¿No ves que me has condenado
a guardar triste silencio?

