En la quietud de la noche,
con su silencio sepulcral,
me desvelo, cual fantoche
en un auto sacramental.
Planean como fantasmas
pensamientos de soledad;
las horas se hacen tan largas
como dura una eternidad.
El insomnio me impacienta,
altera mi alma alicaída;
tejedora araña hambrienta
de telaraña escondida.
Oscuridad sin consuelo,
con su silencio y mi dolor;
viento andariego en mi duelo;
helado latido de amor .
El mundo se hunde en mi mente
y deja mi alma sin calor;
la noche sigue latente,
se hunde muy hondo en mi dolor.
Triste insomnio me sustenta
al oír su lúgubre rumor,
que mi pena nunca ausenta
y clama con sordo clamor.
Crujen viejos desvaríos
y rasgan sombras al pasar,
despiertan viejos estíos
y sangran sin poder parar.
Avanza triste la bruma
y quiebra lento mi clamor,
renace oscura, me abruma,
hasta hundir, por fin, mi fervor.
Resuena fría mi pena
y me ahoga el aire al respirar;
la soledad me encadena
sin darme tiempo a escapar.
Se inclina el alba tardía
dejando un destello espectral,
que extingue lenta osadía
de un corazón en funeral.
Hasta concluir con mi duelo,
perdido en su fatal verdad,
la noche apaga mi anhelo
y se duerme en mi eternidad.

