La época de internet

Deseamos con fervor la difusión viral,
que en todo el mundo se sepa cuanto hacemos,
y, en lo que dura un suspiro circunstancial,
vendemos la intimidad a quien no vemos.

Poseemos todo, mas no tenemos nada;
creemos caminar derechos hasta el cielo,
y enfocamos nuestro saber en la nada,
perdida senda que destruye sin duelo.

Vemos series y películas sin pausa,
borrando la soledad de nuestras vidas;
digerimos falsas noticias sin causa,
que corren sólo un día en las redes fluidas.

Y, en la brillantez de rostros editados,
nos sentimos más solitarios que nunca;
en brevedad existencial mutilados
que, teniendo todo al alcance, nos trunca.

El mundo está en la palma de nuestra mano:
mapas, palabras y sueños, en la nube;
mas nos perdemos en concepto lejano,
porque no existe aquello que nadie sube

Jamás existió un tiempo con más promesas
ni un tiempo en el mundo más fácil de olvidar.
Soledad e individualidad confesas,
sin ningún calor humano que validar.

Es la mejor época para las redes,
mas la peor para ideas y pantallas;
ilusa creencia de que todo lo puedes,
y que con la IA ganarás tus batallas.

Ya nunca pensamos por nosotros mismos;
carecemos de la mínima intimidad;
se han perdido sentimientos y realismos;
y al móvil esclavizamos nuestra amistad.

Apenas hay una conversación presencial;
todas a través del móvil o de un WhatsApp.
Hablamos con una imagen, ¿ideal o virtual,
con tanto photo editor, retoque, IA y chats?

Se ha olvidado el factor humano esencial.
Grabados por cámaras de seguridad,
el universo ya no es algo sideral
y lo que observamos puede no ser verdad.

Sustituimos las personas por máquinas.
Para vivir, el trabajo no compensa.
La inadaptada vejez, ya sin lágrimas,
olvidada dejamos en la despensa.

Locura brillante cuando haces conexión
con su sabiduría y conocimiento;
y contrición en sombra de desconexión,
con tu ignorancia y nuevo arrepentimiento.

Es una era de sabiduría a un clic,
en un gesto de olvido a la inteligencia;
la época del “sígueme” sin rumbo ni un tic
y del “me gusta” en frío link de ignorancia.

Época de no razonar ni de pensar,
eso lo hará nuestro ordenador y la IA.
Nos echamos en sus brazos sin descansar;
son nuestra razón, memoria y fantasía.

Vivimos tan rodeados de nuevas creencias,
que incredulidad es luz en las tinieblas.
Seguimos sin conocer las consecuencias
en las mentes adormecidas, sin reglas.

Existimos entre ilusiones y sueños,
en soledad, sin la calidad humana,
sin voces, ni ser de otras pieles sus dueños;
en vídeos lejanos con voz mundana.

Abrimos ventanas al resto del mundo
sin salir ni movernos de la habitación,
pero cerramos las puertas a ese mundo
sin darnos cuenta de nuestra contradicción.

Nos olvidamos que existir es algo más
que vivir entregados a la soledad,
pues sin trato cercano y personal detrás,
nos robará lo que queda de humanidad.

Ahora es la primavera de los mensajes
que llegan en un solo clic, al instante,
e invierno de abrazos y amor en parajes,
pues el contacto digital no es bastante.

Ninguna vida privada puede existir;
somos víctimas de nuestra imbecilidad;
hemos creado un nuevo dios llamado “emitir”;
lo que no publicas, no tiene utilidad.

Es tiempo en que todo se emite y publica;
que todo se sube, se archiva, o se borra;
que todo en nuestra vida se reivindica,
sin persistir más de un minuto sin compra.

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