La pesadilla

Anoche desperté bañado en sudor;
no sé lo que soñé, mas daba terror.
Era una sensación en la que el sopor
me atenazaba con angustia y horror.

Soñé, y aún sueño despierto y herido,
con sus gritos que tiemblan en mi pecho
la agonía de sentirse perdido,
sin poderte librar de su despecho.

En sueños densos nacen, sin que asombre,
deformes sombras de oscuro apetito;
me inquietan con loca ansiedad sin nombre
y atrapan en un temor infinito.

Emerge sigilosa, nos enviste,
y cruza con su helado eco malvado.
Semeja un alma errante, que persiste
hurgando cruel en sueño desvelado.

Disfraza su aparición con recuerdos,
mezclados en falso y lioso suspiro,
que en mi aliento hiela con sus acuerdos,
y fibrilar arritmia que respiro.

El aire acorta y mi pulso deshace;
sus terrores acometen mi pecho.
Quisiera olvidar, mas todo se rehace;
la noche entera gira en su despecho.

Me muestra el mal que en lo hondo escondemos.
Mi aliento arde en las sombras desoladas
de los sueños de cuanto pretendemos,
arropando confidencias ajadas.

Sus ojos son abismos que nos miran,
clavando luz de angustia y penitencia;
los sueños tiemblan, huyen, se retiran,
y todo es niebla, vértigo y demencia.

Insomne, ansiosa, la visión disloca;
mi aliento es un mar que rompe en sus olas;
la cama es tumba, y en mi sien convoca
delirios de enfebrecido rompeolas.

Me despierto abrupto, el alma aun temblando,
sudor y miedo, náufrago en la almohada;
siento el vacío, el mundo titubeando,
con mi fe y tranquilidad desvelada.

Entonces, pienso, en lúgubre presagio,
que hay culpas que dormidas no reposan;
que el sueño es juez, espejo y fiel adagio
de nuestras almas torpes y medrosas.

Oscuro reflejo espectral de hombría,
en dislocado sueño que me asedia.
Cierro los ojos, vuelve todavía,
y en su mirar se pudre mi conciencia.

Eres maldita bestia de la mente,
fantasma del insomnio que regresa;
temo cerrar los ojos nuevamente,
por si vuelves en enojosa sorpresa.

Desvelado, me estremezco al pensarlo;
temo ese abrazo fiel a tu insistencia;
cierro mis ojos sin del sueño aislarlos,
y en los tuyos se pierde mi existencia.

Giro y doy vueltas, náufrago en la calma;
con resignación pálida y rendida
quisiera huir del peso de mi alma
soñadora, despierta y dolorida.

Y doy mil giros, preso en su guarida.
La sábana es el mar; mi piel, su espuma.
No duermo más, la noche está dormida,
sujeta al sueño que a sí mismo abruma.

Noción de mortalidad insepulta;
de ideas y dudas inacabadas,
que en la mente hurga, rebusca e insulta,
dejando las almas aletargadas.

Temeroso, aguardo a ver si termina;
me persigue con eco que no olvido;
la pesadilla es vida que germina,
y el sueño, el eco de lo no vivido.

Artículo anterior
Artículo siguiente

Poesías más leidas

Últimas poesías publicadas

Otros poemas

DEJA UNA COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí