Me hice niño,
y me quitaron su amor.
Me hice joven,
y me quitaron la fe.
Me hice poeta,
y me quitaron la belleza.
Me hice pintor,
y me quitaron el color.
Me hice músico,
y me quitaron la voz.
Yo fui de todo,
y me quitaron todo.
¿Por qué nací?
¿Por qué fue todo así?
Ni soñar puedo,
pues me lo quitan todo.
La religión…
es una vana pasión,
lo que no tengo,
lo que no puedo tener yo,
porque no quiero,
porque yo en nada creo.
¿Acaso puedo?
Si mi desgracia es mundo…;
un vano sueño
del que soy dueño.
Si el ser me dio
quien hasta el nacer me negó;
y a luz me dio
quien hasta de mí renegó.
¿Qué puedo pedir
si ni siquiera el vivir
a mi edad puedo,
y el morir no es mi deseo?
Pero… ¿qué digo?
No me quitaron todo.
¡No! Mi desgracia
dejaron en la vida,
con mala fama,
deshonor y venganza;
ironía, odio y perfidia…
Todo ello
fue mi sueño más bello,
el más querido
que mi ser ha vivido.
¡Padre mío,
aquí sólo os pido
que me dejéis ya
a solas con mi alma!
¡Quiero vivir,
ver mi corazón latir
lleno de júbilo,
en el hueco filo
de mi latente
espada de Damocles!
¡Morir os pido,
como fin de mi sino,
mi mala vida…,
de cruel ironía!

