Ha entrado un mosquito en la habitación.
Lo escucho en la noche posarse y volar;
acelera el latido del corazón
y el sueño se esfuma con su molestar.
Lo acoso por haberme desvelado;
persigo con ira y ansia criminal,
pero ríe y escabulle del enfado
con el vuelo de un acróbata mundial.
Zumba alrededor, el muy descarado;
taladra la noche con su zumbido.
Yo maldigo que me haya despertado,
y él se burla aumentando su sonido.
Lo procuro aplastar con mano veloz,
pero el muy bandido me sabe esquivar.
Zumba sobre mi oído cual tenor atroz;
ni un do de pecho lo puede superar.
Me pica en los brazos y también el pie;
marca sus nuevas victorias en mi piel
e introduce su aguijón con hincapié,
hasta dejarme un sabor amargo a hiel.
Yo, para dormir, uso repelente,
utilizo aerosol de aroma fatal,
pero él zumba y regresa, persistente,
como si desfilara en un carnaval.
Lo he imprecado con muchos insultos,
le he solicitado una tregua de paz,
pero no atiende y sigue en sus tumultos,
¡hasta se posa encima de mi antifaz!
Mosquito necio, bailón y fiestero,
por favor, vete y déjame descansar.
Búscate otro brazo o pecho extranjero,
eres un dictador malcriado y sin par.
Por fin, el silencio se hace absoluto,
la noche me lo oculta sin compasión.
Yo, con el rostro tenso y resoluto,
siento en el silencio mi humillación.
Escudriño trémulo y fatigado
en la oscuridad a quien me desvela,
con mi brazo, acerico asaeteado,
temblando con temor que desmantela.
Lo escuché venir con zumbido ansioso,
como fatal presagio de su maldad.
Su aleteo lento era casi precioso,
hipnótico, como la fatalidad.
Armado de mi escasa valentía,
y de un matamoscas en cada mano,
prendí la luz y acabó la porfía.
¡Y alegre grité como una soprano!
El aire corté con gesto asesino
y el zumbido cesó sin explicación.
¿Lo aplasté, o se trasladó a un vecino,
para reír burlón desde otra habitación?
Lo descubrí y luchamos mano a mano,
en danza cruenta, mortal y desigual.
Usé el matador en golpe inhumano.
¡Hasta el tabique tembló con su final!
Dejó en la pared marcada memoria,
con su cuerpo destripado en su traición.
Suspiré contemplando mi victoria:
¡muerte pequeña, pero con gran lección!
Ahora duermo, satisfecho y valiente,
con sus picaduras, pero con honor.
Si otro viene, yo estaré más pendiente:
¡seré su juez, verdugo y su destructor!

