Amargura de un fracaso

Cuando el fracaso rezuma
y llena los poros de mi cuerpo
con esa triste amargura
que es descontento eterno,
todo mi ser llora
y se estremece y agoniza,
porque mi valía ni aflora
ni nadie la preconiza.

Y en los instantes ociosos,
donde el alma pena y se agita
con anhelos infructuosos
que la envejecen y marchitan,
encuentro mi vida vacía,
con una soledad estremecedora
que hace a la ilusión baldía
y a la muerte acogedora.

¡Qué amargo es el fracaso
cuando se lucha vehemente
dejando el alma paso a paso
en jirones de demente,
sin conseguir esa fama
que nos esclaviza y somete
con sus caprichos de dama
que no da lo que promete!

¿Dónde está la fama redentora
que apague mi triste agonía?
¿Dónde estás, visión impostora,
para que llore de alegría?

Está más allá de la vida;
está más allá de la muerte,
porque es ilusión perdida
cuyo fantasma a todos estremece.

Es gloria imperecedera
que roba el alma de quien la posee,
esclavizándole con su entrega,
celosa de que la deje.

Y así el poeta desfallecido,
con hambre de gloria en la pluma,
escribe sus rimas enfebrecido
para alcanzar pronto su tumba;
tumba de flores marchitas,
ajadas en la boca de las gentes;
deshojadas en palabras escritas
y pisoteadas en cada mente.

¡Qué amargo es el fracaso
cuando se lucha vehemente,
dejando el alma paso a paso,
en jirones de demente!

Artículo anterior
Artículo siguiente

Poesías más leidas

Últimas poesías publicadas

Otros poemas

DEJA UNA COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí