Requiebros desesperados

No me dejes solo, no me abandones.
Jamás olvides que me has querido,
porque tendría que preguntarte
¿por qué?

¿Por qué, amor mío, te alejas de mí?
¿Por qué, mi deseo, te marchas de aquí?
¿Por qué, mi querer?
si sabes que yo te quiero
hasta más no poder.

¿Por qué te alejas de mí?
¿Por qué te vas para siempre?
si sabes que te amo
y sólo tú eres mi tesoro.

Dime…
¿por qué te alejas ahora de mí
y te vas para siempre de aquí?
¿Por qué, te vas ahora
para no volver más?

Muero porque no muero,
vivo porque no vivo,
lloro porque no río
y río porque no lloro

Volverá el cariño de esa rosa roja
más el tuyo nunca volverá a mi corazón.
Yo te quise siempre y no sé por qué.
Quizá porque eras una rosa;
quizá porque eras un clavel.

Penas mías…
no salgáis,
no sintáis;
no lloréis
penas del alma,
que haya amor tan feliz
porque viváis lejos de él.

Rosa y amapola, luz de mi vida…
¿Por qué estás triste si no lloras?
¿Por qué te arrancaron del jardín del amor?

Quisiera estar cerca, decir “te quiero”…
Más mi boca se sella y dice un requiebro,
que muere en la garganta antes de ser vida,
porque quise amarte y a mi pesar te quiero.

No volverá el cariño de esa rosa roja
que cegó mis ojos sin ninguna queja.
Ya no volverán a ondear tus cabellos
como antes eran.

Ya no volveré a llevar
el clavel de tu pelo
prendido del ojal del corazón.

Sólo llevaré una pena,
una espina clavada
muy honda, muy dentro,
en lo más profundo de mi ser.

Ya no sabré
si eres rosa o clavel,
si son espinas o hiel
lo que me desgarra.

Ya no seré nadie.
Sólo… paloma al viento
que levanta el vuelo
y se pierde a lo lejos
con un aletear
triste y lastimero.

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