¿Sientes al viento ulular?
No te estremezcas por eso
ni empiece tu cuerpo a temblar
porque suene tan avieso.
Sólo es el rumor del viento
que del Cielo baja a rezar
por los que no tienen a otro
que los vaya a visitar,
para que los muertos no sientan,
en sus moradas de piedra
que, aunque olvidados están
por los que aún no son tierra,
sobre las tumbas los velan
para su postrer descanso,
mil armonías que penan
con su silente remanso.
Y en ese osario vacío
donde descansa su llanto,
consuelan su cuerpo frío
condenado al espanto
de no sentir melodías,
ni beatitud, ni alegría
en el correr de los días
que el alma eterna ansía,
porque de espanto les llena
ver ahora su imagen
lapidada y serena
en los arpegios que nacen
debajo de los cucuyos
y de los cipreses y arces.
Con esos susurros suyos,
que sólo el viento esparce
cual gemido de alma en pena
que llora el Cielo perdido
por olvidar la condena
de los que en Él no han creído.
Más tú no temas, cariño,
ni escuches su triste cantar,
porque aún eres un niño
y Dios no te ha de faltar.
Piensa que en cada gemido
que por esa vereda va,
sube un arrepentido
que la muerte el Cielo le da.
No llores más mi pequeño,
que a ti no te ha de llevar,
porque Dios vela tu sueño
cuando te pones a rezar.
Deja sonar su música,
cual cítara de tu alma
tañendo su exquisita
y más desgranada calma,
y adormece tus sentidos
con dulce parsimonia
plagada de fementidos
sonidos de acrimonia.
Déjate mecer y arrastrar
por tan suave ensueño
sin temor a tu declinar
mientras Él vele tu sueño.
No pienses en la muerte
cuando el viento gima más,
que morir es una suerte
si a Dios no olvidas jamás.

