Un mundo de júbilo

Renace el alba con su tono dorado,
pintando el día sobre un lienzo de miel,
con brillantes colores de lado a lado,
mostrando en un fulgor su dulce cairel.

La vida se escancia del cáliz del viento,
sonríe la gente sin prisa ni edad,
las nubes juguetean ante el portento
de existencia que danza en su brevedad.

Niños jugando, el amante que se atreve,
el piar de un ave, la mirada al pasar,
instante secreto que a todos conmueve
si uno aprende simplemente a observar.

Nunca desees ni gloria ni oro en la frente,
ni busques caminos que sepan callar;
la dicha transita, sencilla y silente,
al paso de amigo, para disfrutar.

¿Las sientes? Te iluminan sin un motivo,
son risas sin causa, es la paz sin final.
No abras más puertas para sentirte vivo;
eres milagro de lo inmenso y cabal.

Escucha muy quedo el eco que susurra:
“Da sin medida y jamás te faltará.
Que explote en tu pecho y nunca te aburra
ese júbilo puro que en todo está”.

Florece en silencio, sin ruido ni prisa,
impulso del alma que quiere estallar;
brota de los ojos y nace en la risa,
embriagando tus pasos sin preguntar.

Es canción infantil que jamás se olvida,
madre que te arrulla sin verla jamás,
es brasa escondida con sed compartida
y hermosura que nunca estará de más.

Contigo la alegría exhala su aliento,
el aire te nombra sin voz ni papel
y el amor se palpa en las alas del viento,
que volando deja su luz en tu piel.

¡Oh, qué maravilla es sentir que se puede
vivir sin más meta que amar y existir!
Que basta una mano tendida a quien quede
envidiando a otro ser, para construir.

Y, cuando descubras esa luz escondida
que rompe en mil soles tu mundo interior,
sabrás que todo, incluso pena vivida,
fue el camino para alcanzar más amor.

¿Lo ves? No hace falta que nadie repare
en tu gozo secreto y dicha sin fin,
porque en cada gesto que tu alma comparte
se aviva la llama de hermoso festín.

Ahora, sin palabras, dirás el secreto:
quien siembra alegría, cosecha el hogar;
no hay dicha más honda, ni cielo más cierto,
que el gozo sencillo de amar sin cobrar.

Si lo pensamos, otro mundo es posible;
basta con desear el bien, sin envidiar;
querer, sin aguardar un pago imposible,
con el orgullo del torero al lidiar

Ser nosotros mismos, siendo como uno más;
ver sólo lo bueno y destruir lo malo
con las penas y alegrías de los demás,
entregándote para su regalo.

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