Ayer me fui a un barranco
y le grité mi lamento,
pero me devolvió el llanto
en el eco de un momento.
Se quebró mi voz en llanto,
como una hoja sin aliento;
en la sombra del barranco
se murió mi pensamiento.
Si dices palabras necias
o tú hablas donde no debes,
no recibirás ni gracias.
Porque la voz sin sustento
se perderá en el vacío
como se perdió el lamento.

