La ciudad vive en neón,
con luces de oscuro gris;
ríe el mal con devoción
y escupe al cielo en un tris.
El deseo arde lento
bajo vitrales de bar;
su luz muerde el aliento,
como un rezo secular.
Hay ángeles de humo y cal,
diablos de luz cansada;
Dios se acuesta en un portal
con la fe prostituida.
Lector, lee sin pudor:
tu espejo no es mi herida.
Lo divino pide amor,
lo maligno, tu vida.
Lo dejo, cae el telón.
Queda a oscuras tu cruz.
La verdad pide razón,
ya no queda alguna luz.

