A. Montefer
Hago una tarta
Entre harina, chocolate y vainilla, este poema convierte la cocina en un lugar donde la ilusión y el cariño se hornean juntos. Una celebración de los pequeños placeres que demuestran que los mejores postres siempre llevan un ingrediente secreto: el amor.
La orquesta
Una melodía nace, emociona y se desvanece, pero su eco permanece en quienes la escucharon. Este poema rinde homenaje al poder efímero de la música, capaz de conmover el alma incluso cuando la última nota ya se ha extinguido.
Noche amorosa
Un recuerdo de amor grabado entre el rumor de las olas y la inmensidad del mar. Este poema evoca la fuerza de un beso, la belleza de un instante compartido y la huella imborrable que dejan los sentimientos verdaderos.
Oración del sacerdote pecador
La pequeñez del ser humano se enfrenta a la inmensidad de la misericordia divina en este poema de profunda espiritualidad. Entre el arrepentimiento y la esperanza, cada verso se convierte en una súplica de perdón y redención.
Mi terruño
A veces, la mayor riqueza nace cuando parece que todo está perdido. Este poema habla de la fuerza de la familia, la solidaridad y la esperanza, recordándonos que el amor y la voluntad pueden reconstruir incluso las vidas más golpeadas.
Requiebro por un despecho
Un canto a la belleza que va más allá de la apariencia: el rostro, las manos, la mirada y el cabello se convierten en versos que retratan la admiración y el amor hacia la persona amada. Un poema donde cada detalle es una declaración de afecto.
El remordimiento (II)
No existe prisión más implacable que una conciencia incapaz de perdonarse. Este poema desciende a la mente de un asesino perseguido por la culpa, donde el verdadero castigo no lo dicta un tribunal, sino los recuerdos, el remordimiento y la locura.
Silencio ominoso
El silencio puede ser refugio… o el más implacable de los adversarios. Este poema explora cómo la quietud absoluta puede despertar los miedos más profundos, enfrentándonos a los abismos de nuestra propia mente.
El río
A través de la figura de un río que avanza incansable hacia el mar, este poema convierte su viaje en una poderosa metáfora del paso del tiempo y del destino inevitable de toda existencia, haciendo que nos preguntemos si la prisa por llegar al final nos hace olvidar el valor del propio camino.











